Como posibles sustitutos de azúcar se ofrecen todo tipo de edulcorantes y endulzantes, en los productos de dieta. Estas sustancias tienen un sabor dulce y tienen como ventaja que, a diferencia del azúcar no proveen al cuerpo con nada o casi nada de calorías. Pero a nuestro organismo no le gusta nada que lo engañen. Estas sustancias no crean la misma sensación en la boca que el azúcar, por ende, el antojo de dulce en nuestro cuerpo no queda satisfecho.

En cambio, alimentos “auténticamente” dulces, preparados con azúcar llevan a la formación de serotonina y a un sentimiento de bienestar, un efecto ausente con edulcorantes y endulzantes. Para colmo, las papilas gustativas dan aviso de la presencia de azúcar y nuestro cuerpo se prepara para digerirla. Cuando no llega, esto puede ocasionar mayor antojo y hambre.

Fuente: Silvia Bürkle, “Süsses Gift”